09 diciembre, 2008

La puerta

La puerta
(Bosch)

En algún lugar del mundo está la Puerta,

aquélla que no abriste,

aquélla que persiste entrecerrada

a través de tu destino,

como lápida inclemente y asesina.

No te acerques con tu ofrenda inconclusa

a esta Puerta –que es de plomo-no es pregunta ni respuesta

de las puertas que elegiste no pasar.

19 noviembre, 2008



" La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo.
Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia."
Milan Kundera


La conozco hace años, es de esas mujeres que uno tiene que verlas en donde estén sentadas o paradas o simplemente caminando. No tiene una belleza extraordinaria pero no deja de ser hermosa, imposible no verla. Su cabello tiene los enrededos de su mente. Su belleza es perceptiva (eso dice un amigo con el que viajo, mi compadre de fiesta). Es delgada y pequeña y tiene esa mirada turbia entre lasciva y niña, que acondiciona con sólo mirarte. Ella desconfía de su sombra y sesea al hablar (ella lo niega rotundamente). Ella detesta mis íes típicos de porteño y se ríe abiertamente de mis bromas. Siento que la voy a perder para siempre y a veces creo que no es el momento para nosotros.

Ante ayer tuvimos una conversación rarísima sobre las cosas que están pasando, me dijo que quisiera tener sus cosas cerca de ella, sus libros y todo lo que necesita para avanzar. El futuro siempre le he tenido miedo al futuro. Sin embargo, me sentí extraviado e integrado a sus cosas. Este pedazo de texto de Kundera lo tomé de uno de sus libretas. Me encontró escribiéndolo y me dijo que debería leer la novela de Kundera en vez de tomar pedazos y yo que le podía decir nada a esos ojos de avellana que me arrancó de mis manos y me preguntó y tú a quién quieres borrar de esta tierra? Quería decirle a ella, pero sería mentirle...

No sé porque pongo todo esto tal vez porque aquí puedo decir lo que pienso sin ser criticado ni nada, y sí te quiero borrar de mis pensamientos de mi vida, pero estás como un tatuaje pegada a todo lo mío, incluso a mi nombre y a todo lo que me rodea en este momento.

Evité lo porteño para que no rías y leas como solés hacerlo, seguro cerrás lo ojos y cogés tu cabeza.
E.

14 noviembre, 2008

Canto II, Altazor en paracaídas de Vicente Huidobro




Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria


Les dejo un poema de imaginario, lleno de luz y deseos. Huidobro es un poeta chileno que intercambia deseos e incita al deseo con frases precisas, muchas metáforas que pasan por sus versos. Como ayer me dijo una gran amiga, este poema te transporta te incita a la visión, uso sus palabras para ser preciso " cierra los ojos e imagina esa mujer construida con el sentir del que ama" creo que no hay más que decir. Se lo dejo para ella,

01 noviembre, 2008

Poema de la muerte


De la Muerte
Por Jaime Sabines

Enterradla.

Hay muchos hombres quietos,

bajo tierra,

que han de cuidarla.

No la dejéis aquí.

Enterradla.
Ella esperando aún después de muerta a su amado que vuelva a verla por última vez;
eso sentí cuando leí ese poema.

23 octubre, 2008

Un poema que desnuda el alma

DESNUDA (Roque Dalton)

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando nacistes de nuevo entre mis piernas.

(El Turno del Ofendido, Cuba, 1962, II Por el ojo de la llave )


Increíble poeta, puedo ser ingenuo pero así me sentí al leer este poema,
tener a la mujer que sea ama e imaginar todo aquello.
El tomar su cuerpo como una copa de vino probar su aroma,
no podés dejar de imaginartela al leer estos versos que tienen mucha expresión. No soy un crítico ni nada parecido pero cierro los ojos y recorro la piel de la mujer que quiero.
No me negás que es una maravilla.

18 octubre, 2008

Revelaciones

En la noche a tu lado
las palabrs son claves, son llaves.
el deseo es rey.
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones
.

(Alejandra Pizarnik)


Escuché este poema al iniciar una noche de poesía, Cuando vos escuchaste este poema, te acordás? chiquita o no? Sucedió en Barranco, y vos eras una locura ibas por todo lado. Te cambiaste cinco veces de lugar y yo te obserbaba. No sabía quién eras, sabés pensé que estabas loca y de remate. Ahora sé que estás loca. Con esa locura que sólo tenés tú. Unica. Envidiable locura de nacimiento. Un amiga tuya me dijo secretamente: que todos los creativos están locos y que tu pertenecés a esa estirpe. La de los desquiciados, a veces gritás de alegría o te escondés en una esquina en el piso abrazada a tu piernas como te encontré una vez hace muchos años. Cada día te sueltas o te metes en tu caparazón. Creías que nunca saldrías, ahora vos estás lejos... llejaste de algún modo... Te conozco casi quince años y es una eternidad. Yo prometí no quererte, porque decís siempre que sos muy mala. No sólo sos una loca sino también mala. Mentiste. No conozco ser más detallista que tú, ni más comprensivo ni más tierno. Sé que quieres ser muy mala porque sentís; conozco tus ojos tristes, tan expresivos, qué ojos. Como decirle No a esos ojos. Imposible. Eres la mujer más endemoniadamente y hermosamente loca que conozco. Sabés te mentí, no cumpliré mi promesa te querré de igual modo. Te acordás de una tarde en un parque por Wilson, cerca al Museo de Lima. Eramos cinco y armamos un grafitti, no recuerdo el motivo; no quisiste hacer nada esa tarde y te pusiste en la escalera a subir y bajar varias veces. Te pedimos que dejaras algo, fastabas sólo vos y dijiste, cómo fastidiada "qué quieren, no me da ganas", te reclamamos y te dijimos que no grites (así te convertís muchas veces). Te paraste y escribiste aún costado del grafitti: estoy siendo obligada a escribir y lo único que quiero es subir y bajar. Sabés hace unos meses ví el grafitti todo amarillento pegado a un costado, tu letra estaba aún borrosa en el papel. Y miré eran como 20 escaleras y las subí y las bajé un par de veces. Me localicé en tu universo y me reí como loco a solas. Muchos se voltearon a mirarme, pero no me importó. Me sentía pegado, aún me siento pegado. Me permitís decirte una cosa, busco una loca muy mala. Si la encontrás, décile que la espero hace muchos años. Desde la primera vez que se cambio de asiento no la alejé de mi mente. Y que el lugar que ella quiera estará vacío, si ella quiere ese asiento y que no le preocupe verlo ocupado porque inmediatamente quedará libre.

06 octubre, 2008

Borges, un poeta único

Borges es un escritor que yo admiro muchísimo, aquí les dejo un aspecto raro de su poesía.

Antelación del amor
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida situándose en palabras o acallamiento
serán favor tan persuasivo de ideas
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis ávidos brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha en la selección del recuerdo,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a la quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera quizás como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.

espero lo lea alguien en especial, que valoro mucho.

03 octubre, 2008

El Erotismo de Bataille

Dejo una parte de El Erotismo de Bataille, un escritor admirable. Así empiezo este blog con un buen pie.

En medio de un enjambre de muchachas, desnuda Madame Edwarda sacaba la lengua. Ella era, para mi gusto, encantadora. La elegí: ella se sentó cerca de mí. Apenas tuve tiempo de responder al mozo: tomé a Edwarda que se abandonó: nuestras bocas se juntaron en un beso enfermo. La sala estaba abarrotada de hombres y de mujeres y tal fue el desierto donde el juego se prolongó. Un instante su mano se deslizó, y yo me quebré de pronto como un vidrio, y temblé en mis pantalones; sentí a Madame Edwarda, de quien mis manos contenían las nalgas, ella misma al mismo tiempo desgarrada; y en sus ojos más grandes, dados vueltas, el terror, en su garganta un largo estrangulamiento. Me acordé que había deseado ser infame o, más bien, que hubiera sido necesario, de toda fuerza, que eso ocurriera. Adivinaba risas a través del tumulto de las voces, las luces, el humo. Pero nada contaba ya. Apreté a Edwarda en mis brazos, ella me sonrió: enseguida, transido, volví a sentir en mí un nuevo choque, una suerte de silencio cayó sobre mí de lo alto y me heló. Era elevado en un vuelo de ángeles, que no tenían cuerpos ni cabezas, hechos de deslizamientos de alas, pero era simple: me volví desgraciado y me sentí abandonado como lo estás en presencia de Dios. Era peor y más loco que la embriaguez. Y ante todo sentí una tristeza ante la idea de que esta grandeza, que caía sobre mí, me robaba los placeres que yo contaba con Edwarda. Me encontré absurdo: Edwarda y yo habíamos cambiado dos palabras. Experimenté un instante de gran malestar. No hubiera podido decir nada de mi estado: ¡en el tumulto y las luces, la noche caía sobre mí! Quise atropellar la mesa, tirarlo todo: la mesa estaba empotrada, fijada en el suelo. Un hombre no pudo soportar nada más cómico. Todo había desaparecido, la sala y Madame Edwarda. Sólo la noche... (...)La segundona tomó mi dinero, me levanté y seguí a Madame Edwarda cuya desnudez tranquila atravesó la sala. Pero el simple pasaje de en medio de las mesas abarrotadas de muchachas y clientes, ese rito grosero de la “dama que sube”, seguida por el hombre que le hará el amor, no fue en ese momento para mi más que una alucinante solemnidad: los talones de Madame Edwarda sobre el suelo embaldosado, el contoneo de ese largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que goza, humeando para mí, de ese cuerpo blanco... madame Edwarda iba delante de mí... en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su felicidad, a la gravedad mesurada de sus pasos, era consagración real y fiesta florida: la muerte misma era de la fiesta, en eso de que la desnudez del burdel llama al cuchillo del carnicero. (Bataille)